jueves, 24 de julio de 2008



Investigación de Mercado y Precarización...


En las sociedades actuales, la imagen (audio-visual) se ha convertido en ícono de productividad. La publicidad, al mismo tiempo que presenta un producto, determina un tipo ideal de consumidor. No sólo tiende a la satisfacción de necesidades, sino que, sobre todo, tiende a su creación. La inversión en investigación de mercado y publicidad capta partes crecientes de los presupuestos de las empresas. Y esto se debe a que para muchas empresas producir y lograr rentabilidad significa aprovechar cada mínima oscilación de la demanda. De esta manera, la inversión publicitaria se vuelve estratégica, siendo determinante en las inversiones "productivas" de las empresas, que destinan buena parte de sus ganancias a la creación, investigación y captación de nuevos mundos de consumo. En esta tarea, la investigación de mercado cumple una función decisiva: detectar y descifrar las tendencias por venir. Son los resultados de estas investigaciones los que guían en buena medida la toma de decisiones de las empresas.
De la misma manera, en tiempos electorales principalmente, las técnicas usualmente utilizadas para la investigación de mercado se proyectan sobre el "universo político". Es decir, para medir la imagen que el público tiene de los distintos candidatos, junto a la inserción publicitaria de las figuras políticas. En consecuencia, resulta casi imposible pensar, hoy en día, en la posibilidad de la súbita inserción de un nuevo candidato sin el aval de este tipo de estudios de "opinión pública".
Cuando vemos la televisión, escuchamos la radio, leemos los diarios y encontramos que los "grandes íconos" de la investigación de mercado hablan de cómo miden los candidatos y de las certezas que éstos y la sociedad obtienen de este tipo de recolección de información, muchas veces da la impresión de que este acervo de información les llega a estos personajes mediáticos como por arte de magia. Así, y no casualmente, el proceso de trabajo realizado para obtener esta información es recurrentemente escindido de la realidad de quienes lo llevamos a cabo.
A lo largo de las distintas fases de la investigación, se despliegan una gran cantidad de tareas en las cuales intervienen varios trabajadores/as. Participan en la producción del dato: diseñadores/as de encuestas, supervisores/as, editores/as, codificadores/as, analistas, coordinadores/as o jefes/as de campo y, ocupando el último escalón productivo, nosotros/as: los encuestadores/ as. Nuestras condiciones laborales engrosan las estadísticas (obtenidas por nosotros/as mismos/as) sobre trabajo precario y trabajo en negro. Los/as encuestadores/as trabajamos entre seis y diez horas diarias tocando los timbres de las casas, parando gente en las esquinas, llamando por teléfono. Somos, en definitiva, quienes obtenemos los datos, y lo hacemos sin ningún tipo de cobertura social ni derecho laboral, es decir, nosotros/as, los/as encuestadores/as, que somos los que recolectamos los datos sobre trabajo en negro y precarización, trabajamos en negro y en condiciones precarias.
Según la legalidad vigente, nuestra actividad está regulada por el Convenio Colectivo de Trabajo 107/90, el cual establece que somos trabajadores/as en relación de dependencia y no autónomos (monotributistas) como muchas empresas sostienen, pasando por alto los beneficios que al 90 % de nosotros/as no nos reconocen: aguinaldo, vacaciones pagas, días por estudio y enfermedad, obra social, asignaciones familiares y la posibilidad de gozar de una jubilación. La violación de nuestros derechos laborales por parte de las empresas de investigación de mercado y de opinión pública es acompañada, además, por el pago de un salario siempre menor al estipulado en las paritarias y por la inexistencia del derecho de agremiación que debe tener cualquier trabajador/a, consecuencia nuevamente de que casi todos/as los/as encuestadores/as estamos en negro.
Por todas estas razones, consideramos fundamental hacer explícito el crecimiento exponencial de la investigación de mercado y de opinión pública dentro de las sociedades actuales y la forma en que estas investigaciones son llevadas a cabo, a costa de la violación de todos nuestros derechos laborales.





¿Por que sería bueno estar en Blanco?...

Bastante difundido está entre nosotros/as la idea que estar en blanco no nos conviene, la idea que nuestra actividad es libre y que no nos conviene su reglamentación. Sin embargo, el Convenio Colectivo de Trabajo 107/90, que regula la actividad de los/as trabajadores/as de la investigación de mercado, estipula un marco normativo dentro del cual no perderíamos nuestras “libertades” actuales y sí ganaríamos otro tipo de “beneficios”. No sólo se trata de que obtendríamos los derechos que tenemos como todo/a trabajador/a (aguinaldo, vacaciones pagas, licencias varias, etc.), sino que además los precios de las encuestas se elevarían y trabajaríamos seis horas (6hs) por día, entre otras cosas.
El convenio establece que el pago por cada encuesta de calle resulta de dividir el valor del día del/la encuestador/a ($135,65) por la cantidad de encuestas que es posible realizar en 6hs de trabajo. Cantidad que se establece (en la mayoría de los casos) mediante la realización de una encuesta piloto (por ejemplo: si en una encuesta piloto se hacen 2 encuestas en un día, cada encuesta vale $67,82). En el caso de los/as encuestadores/as telefónicos/as corresponde el pago de $13,40 (como mínimo) por cada hora trabajada de la jornada laboral. Además, el artículo 58 establece que debemos cobrar quincenalmente el 5 y 20 de cada mes, “fechas en las que pagan los trabajos terminados quince días antes de cada una”.
En muchos casos se cree que trabajar en blanco equivale a trabajar para una sola empresa, pero en realidad, uno/a puede trabajar para distintas consultoras. Asimismo, si estás enfermo/a, tenés un examen o cualquier otro factor te impide trabajar y te llaman para un trabajo, o estás participando en uno, te corresponde el pago promedio de ese trabajo por aquellos días en los que no puedas trabajar.
Por estas cuestiones sostenemos desde este espacio que es necesario revertir la tendencia de precarización de nuestra actividad.
Si estamos en blanco no pueden pagarnos lo que quieran ni hacernos trabajar el tiempo que quieran. Si estamos en blanco podemos exigir mejoras en las condiciones de trabajo sin temor a que “no te llamen más” y con el respaldo legal de un convenio que, si bien tiene ciertas falencias, plantea unas cuantas mejoras frente a las condiciones que actualmente padecemos. Los derechos de los/as trabajadores/as son producto de innumerables luchas y muchísima sangre, no debemos permitir que hayan sido en vano.


Fábrica de Datos...

Desde que los candidatos a jefe de gobierno porteño comenzaron hace ya varias semanas atrás sus campañas electorales, ciertos personajes han cobrado una visibilidad mediática pocas veces vista en anteriores elecciones, mayor incluso que la de muchos de los mismos candidatos. La mayoría de los votantes posiblemente no sepa quiénes son Cristian o José Castillo, el “Chacho” Heberling o Marcelo Ramal, pero seguramente sí hayan escuchado en la radio las predicciones de Analía Del Franco, leído en los diarios los análisis de Enrique Zuleta Puceiro o visto en televisión a Marco Aurelio, Graciela Römer o Artemio López. Estos analistas de opinión pública amantes de los mass media se muestran ante los ojos de la sociedad como personajes de comics dotados de superpoderes, de una visión biónica capaz de ver lo que los comunes no alcanzamos siquiera a percibir: “la segunda vuelta depende de la primera”, “la segunda vuelta es imposible para Macri”, “tenemos una situación de paridad entre Walsh y Lozano” (palabras de los encuestadores/as, como Página 12 llamó a los analistas en su edición del 27/05/07).
Así, mediante la ilusión óptica creada por el maquillaje del analista de opinión o, como más sencilla y descaradamente los llaman algunos medios, los Encuestadores (que de encuestadores tienen tanto como Roberto Piazza de obrero textil), estos mediáticos personajes dan a conocer sus datos como si fuesen un fiel reflejo de la realidad, cual hecho social durkheimiano, mientras niegan el proceso de producción que subyace a estos números tan preciados para las estrategias publicitarias del mercado político actual. Cualquier docente de método de la carrera de sociología diría “el dato se construye”, mas no, no se construye sino que se produce, y se lo hace a través de un proceso de producción cuya división del trabajo bien se asemeja a la fabricación en serie del viejo Ford T. Varios trabajadores con diversas y específicas tareas participan de esta producción en masa del dato: quienes confeccionan las encuestas, los coordinadores, supervisores, codificadores, editores y, ocupando el último escalón productivo y sufriendo la extracción del mayor porcentaje de plusvalor, los encuestadores/as.
Estos encuestadores/as con minúscula, a diferencia de los Encuestadores/as con mayúscula, no sólo son invisibilizados por los grandes medios de comunicación sino además ninguneados sus derechos laborales. Según encuestas realizadas por estos mismos proletarios del dato, el 41,6% de los trabajadores/as desempeña sus tareas en condiciones informales de contratación, es decir, en negro. Claro que estos números no reflejan la realidad laboral de los encuestadores/as (una condición sine qua non para la realización de cualquier encuesta es que el encuestado no trabaje, justamente, en el área de la investigación de mercado), entre quienes el porcentaje de trabajadores/as en negro asciende a casi el 90%. Efectivamente, son escasos y hasta podría decirse que exóticos los casos de encuestadores/as que trabajan en blanco, como el Convenio Colectivo de Trabajo 107/90 estipula debería ser. La mayoría de ellos/as cobra un sueldo muy por debajo de lo decidido en las últimas paritarias, $106,82 por 6 hs. de trabajo para los encuestadores/as de calle y $10,55 la hora para los telefónicos/as. No tienen obra social ni ART, no perciben salario ni vacaciones y no se les reconocen días por enfermedad, lluvia o estudio. Muchos/as ingresan a la actividad considerándola una “ayudita extra” para llegar a fin de mes o para gastos que no son de primera necesidad, y luego de varios años de realizar el mismo y rutinario trabajo cada día todos los días, los encuestadores/as telefónicos/as terminan padeciendo serios problemas auditivos y los de calle pasan el frío invierno engripados y con problemas pulmonares. De esta forma, el mundo de las encuestas combina de una forma diacrónica un proceso de producción fordista bajo condiciones de trabajo post-fordistas.
Mientras, en el programa A dos voces del miércoles 13 de junio, los conductores anunciaban con desparpajo la visita al estudio de los Encuestadores, con mayúscula, que nada dicen de quienes recogen o, mejor dicho, producen los datos que ellos luego “analizan” y mucho predicen sobre el futuro electoral de la ciudad o la tendencia en aumento del trabajo en negro en el país.
Pero los encuestadores/as, los invisibles e ignorados con minúscula, no sólo sufren las arbitrariedades de un discurso patronal que les escupe en la cara el viejo y famoso “si no te gusta andate a laburar a otro lado”, así como la miopía de un Estado tan precarizador como las propias consultoras de opinión pública, sino que además se organizan y luchan por sus legítimos derechos. Es el caso de los y las Encuestadores/as en Lucha, estos sí con mayúscula, pero no la mayúscula de los titulares de los diarios, sino la de la identidad como auto-afirmación y exigencia a ser (re)conocidos/as como encuestadores/as, como trabajadores/as. Mas esa es otra historia, o el segundo capítulo de la misma, a quien le interese saber cómo sigue, qué mejor que conocerlos a ellos, los y las Encuestadores/as en Lucha).





HONESTIDAD BRUTAL
“Yo no tengo trabajo en negro. Una vez quise poner un encuestador en
blanco y no quiso, Después me hizo un juicio y me lo ganó”
Ricardo Rouvier

“Yo les doy las encuestas, uds. Las hacen,
les pago a 90 días. Pero no son empleados míos”


“Uds. Me mandan inspecciones a mi ¿Le van a mandar
a Antonia Vargas, que tiene la misma cantidad de encuestadores que yo”.
Juan Pablo de Opinión Argentina.


“Yo soy chiquita, si pongo en blanco 50 encuestadores tengo que cerrar”


-No nos pagan los feriados
- ¿Pero los trabajan ?
- No
- Entonces está bien. “
Sindicato único de la Publicidad

“Nosotros no estamos en falta con los encuestadores, sino con la ley.
Por eso ya pagamos las multas”
Gerente de Recursos Humanos de CEOP.

“-¿Una encuesta de 2 horas donde se le pregunta cuánto gana
y los datos de toda la familia?
-Se hacen, yo también fui encuestadora “

“Si ven que el lugar es peligroso o están robando, se corren una
manzana. Lo más importante es su seguridad.”
Cecilia Pena


Nunca hubo problemas con la policía en el boca de urna, lo que sí,
la vez pasada detuvieron a un encuestador por estar en la puerta
de la escuela. Así que ya saben, pónganse enfrente.”
En un instructivo de OPSM


“No pongo trabajadores en blanco
porque ellos eligen donde trabajar”

“Analía (del Franco) terceriza el trabajo para sacarse
se encima los encuestadores”
Dialogo en un departamento de la calle Santa Fe
donde se improvisa una consultora .


“Al final no sé qué hacer, si mudarme de
oficina o comprarme casa nueva”.
“A mi me pegan carteles porque soy peronista”
Antonia Vargas.


“Nosotros no te mandamos las inspecciones, son los encuestadores”.
Sindicato Único de la Publicidad.


“Si vienen con el convenio en la mano es una provocación”
Consultora CEOP.


“Lo bueno de Signos es que paga a 45 días.” Encuestador precarizado.

“-Tengo una encuestita bien paga.
-Cuánto?
-15 pesos.
-Cuánto dura?
-Hora y media, pero lo podés manejar. Eso sí, que todas tengan
nombre y teléfono.
-Pagan viáticos?
-No, está bien paga. “
Consultora Signos.
“-No queremos afiliar encuestadores porque luego las empresas no
hacen los aportes correspondientes. - Pero no habría que afiliarlos para poder presionar. - Mmmh… Sindicato Único de Publicidad (SUP)





La Salud no Va a Paritarias...

“En un momento sentí como si el techo del tren estuviera a punto de desplomarse sobre mi cabeza. La señora que viajaba a mi lado por mucho que expresaba su tierna ancianidad no dejaba de parecerme aterradora. No entendía nada. Tampoco podía escuchar sonido alguno a mi alrededor. Con mis brazos intenté inútilmente morigerar el nudo que se desarrollaba en mi garganta y amenazaba con asfixiarme. Todavía no puedo explicarme por qué no me desmayé o exploté en llanto si la migraña era terriblemente insoportable. En total fueron unos pocos minutos extremadamente angustiantes. Finalmente cuando poco a poco comencé a recobrar cada uno de mis sentidos, sobre todo el de la orientación, percibí la vibración de mi teléfono celular que anunciaba una llamada entrante. Apenas pude balbucear algunas escasas palabras al contestar, aunque eso poco influyó en lo que la persona que me llamaba tenía para decirme. Soy Carla tu supervisora y te llamaba para avisarte que hoy no vengas a trabajar porque el cliente todavía no definió la fecha de inicio de las encuestas sobre el consumo de verduras. Chau-. ¿Todo había terminado?”.

Año tras año cientos de trabajadores/as de call centers incluidos/as los/as encuestadores/as telefónicos/as sufrimos repentinos ataques de pánico. Cada relato en particular, además de ser estremecedor, da cuenta de las actuales condiciones de trabajo en las que se desarrolla nuestra actividad. Centrándonos exclusivamente en el mundo de las encuestas telefónicas, la situación se agrava aun más debido a que en la gran mayoría de nosotros/as, el salario diario se reduce a la productividad es decir a la cantidad de encuestas realizadas a lo largo de una jornada laboral-1. En este sentido, la presión psicológica que sufrimos los/as encuestadores/as telefónicos/as es doble: por un lado debemos cumplir con un número mínimo de encuestas diarias estipulado por la consultora empresa de las cuales depende nuestra continuidad laboral, y por otro lado nos vemos forzados a (auto)exigirnos en la realización de una cantidad determinada de encuestas como forma de asegurarnos una remuneración básica que lejos está de ser una garantía en este rubro precarizado. Mientras convencemos telefónicamente a una persona para que conteste una serie de preguntas, también cruzamos los dedos para que no se canse rápidamente y corte la comunicación, probablemente sin saber que cobramos por encuesta terminada. Y todo esto sin hacer mención de los trastornos auditivos, pérdida de atención, dolores de cabeza y problemas afines que el uso prolongado de un aparato telefónico nos genera... Se trata de señales, síntomas de un malestar corporal y anímico profundo que a veces no cesa ni siquiera cuando estamos fuera del ámbito de trabajo. El ataque de pánico puede acontecer en nuestros hogares o en la facultad o cuando viajamos en un transporte público, pero interiormente muchos/as de nosotros/as conocemos su procedencia.

Es evidente que las marcas imborrables que el capital le imprime al cuerpo de un/a asalariado/a varían de acuerdo al tipo de trabajo efectuado, sin embargo, este relato expresa que cuando la explotación va más allá del registro extensivo de un cuerpo, sea por mutilación sutil o amputación brutal, lo que entra en crisis es nuestra propia estructuración psíquica. ¿Qué podemos hacer cuando el trabajo no sólo nos agota físicamente o nos “quema la cabeza” sino que además penetra como un taladro sobre nuestras seguridades interiores? Quizás simplemente hayamos encontrado colectivamente algunas palabras como respuesta: reconocimiento, solidaridad, resistencia, afecto, organización y encuentro. Justamente produciendo el encuentro entre encuestadores/as donde sentimos que estas palabras ya no son meras palabras. Donde nuestra más profunda interioridad invadida por los efectos nocivos del trabajo, se pliega sobre un afuera colectivo como forma de organización horizontal encuentro solidario y resistencia gremial.

Año tras año el Sindicato Único de la Publicidad SUP y la Cámara Argentina de Investigación de Mercado mantienen reuniones paritarias en las cuales se actualizan las escalas salariales del Convenio Colectivo de Trabajo 107/90. La figura del encuestador telefónico apareció en la escala salarial hace un poco más de dos años, estableciéndose un pago mínimo por hora trabajada, el cual sufre aumentos progresivos en cada negociación paritaria entre las partes mencionadas. Este Convenio, homologado por el Ministerio de Trabajo desde 1989, no contempla enfermedades propias de la actividad de nuestros/as compañeros/as encuestadores/as de calle como pueden ser los dolores cervicales; marcando una importante diferencia con otros Convenios Colectivos que si brindan ciertos resguardos especiales. A pesar de que ninguna legislación laboral específica está en condiciones de eliminar enfermedades derivadas de procesos de trabajo altamente alienantes cuya solución radical sería su abolición, cuando nuestra salud mental es lo que está en juego, desaprovechar posibles herramientas legales defensivas sería al menos lamentable por no decir suicida. ¿Quién dijo que la lucha por el blanqueo de todos/as los/as encuestadores/as se limita a una problemática estrictamente salarial? ¿Acaso la salud en un sentido amplio no cuenta? Por lo visto, a quien no parece importarle esta temática tan cara a nuestra calidad de vida es al Sindicato Único de la Publicidad SUP, el cual se encuentra enmarañado casi exclusivamente en actualizaciones salariales que en la práctica laboral son papel mojado. Momentáneamente la salud no va a paritarias y de nuestra lucha conjunta con los/as encuestadores/as de calle dependerá su futura inclusión.
Después de todo, quedémonos con las sabias palabras finales del maestro literario de Jorge Luis Borges:
Si no se puede suprimir todo trabajo asalariado habría que, por lo menos, empezar a trabajar poco, pues no hay que perder la esperanza de que, alguna vez, nadie trabaje” (Macedonio Fernández).
1_No vamos a poner una vez más de manifiesto el incumplimiento generalizado del Convenio Colectivo de Trabajo 107/90 por parte de las empresas de investigación de mercado y opinión pública agrupadas en la Cámara Argentina de Investigación de Mercado. Al igual que los/as encuestadores/as de calle, una amplia mayoría de los /as encuestadores/as telefónicos/as trabajamos “en negro” sin que se nos respeten los derechos estipulados por el Convenio.



Boca de Urna...

Seis de la tarde, las mesas se levantan, los colegios cierran sus puertas, se enciende la luz del cuarto oscuro, las urnas se abren y comienza la cuenta de votos. En las casas las familias corren frente al televisor para conocer cuanto antes los primeros números de las elecciones: “¿habrá ganado Macri?”, “¿quién irá a segunda vuelta?”, “qué garrón, seguro que en tres semanas hay que volver a ir a votar”. Pero, aunque usted no lo crea, la primicia no la tienen los canales de televisión, tampoco los candidatos, y ni siquiera las consultoras de opinión pública. La primicia es de los encuestadores, aquellos proletarios del dato que, birome y planilla en mano, pasaron un domingo en que prácticamente no laburó ni el loro, preguntando a cada uno de los votantes, felices de ejercer su derecho (obligación, mejor dicho) cívico y ser parte de la fiesta democrática por excelencia, por quién habían emitido su voto. Aquí van algunas joyitas de diez horas a pura boca de urna:
“Disculpe señor/a, estamos haciendo boca de urna para la consultora OPSM y Radio Rivadavia, ¿le gustaría decirme por quién votó?:”
- “No, la boca de urna es ilegal.”
- “No, el voto es muuuuy secreto.”
- “A Macri! (con el pecho hinchado como quien enarbola en lo alto las banderas de su equipo de fútbol).”
- “A Filmus... (muy por lo bajo, casi con vergüenza).”
- “ A Telermannn (sonrisa de oreja a oreja, contento y radiante como si eligiese comerse un cucurucho de sambayón y dulce de leche).”
- “A la Izquierda Unida.”
- “Al que se hizo las tetas.”
- “No sé, el nene agarró la boleta.”
- “Ehhh a Filmus… nono para, dame un cachito que acá en la cartera tengo la boleta… a Telerman.”
- “Yo te digo si vos me decis como va.”
- “A Telerman, ay ojalá q ganemos, q dios nos ayude.”
- “Todavía no voté, pero tampoco tengo idea, ahora en el cuarto oscuro veo.”
- “No voté aún, pero tampoco sé a quien votar, ¿vos qué me decís?”
- “Y ahora te pregunto yo a vos que tenés la posta, ¿quién gana?”
- “Telerman el ballotage no lo gana. No sé que hace la UCR apoyando a un peronista como él (palabras de un fiscal de mesa radical mientras echa una mirada de reojo por sobre mis planillas).”
- “Yo estoy custodiando, soy de prefectura, de la banda sinfónica, encima me dieron esto (señalando su pistola) y no se qué hacer.”
- “A esa a esa, encuestá a esa (me dice un simpático policía señalando a una exuberante blonda q sale de la escuela).”
- “Nena, vos que sabes ¿Cuál es el candidato de Kirchner?”
- “No digas nada, pero voté dos veces, jijiji.”
- “¿Y, cómo va Ramal? (pregunta interesado y ¿esperanzado? un fiscal de mesa del Partido Obrero).”
- “Yo soy de izquierda de toda la vida, pero acá hay que sacar a todos los bolivianos y peruanos que llenan los hospitales y las villas, la plata de los argentinos se tiene que gastar en los argentinos (palabras de un filmusiano).”
- “Para vos que trabajas en la radio, tengo una denuncia gravísima, no están dejando votar a muchos policías y miembros de la fuerza de seguridad (joven fiscal general trajeado del PRO a punto de subir a un auto de vidrios polarizados)”.
- “Debían ser gallinas, por eso criticaban a Macri (de una señora al salir de un colegio)”.
- “Cómo puede ser que Macri gane en este barrio venido abajo, los pobres ya no sirven ni para votar a quienes les convienen (de una señora que tenía pinta de macrista pero voto a Telerman)””.















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